sillin bicicleta mujer

Aprende a elegir el mejor sillín de bicicleta para mujer

8 minutos

Elegir el sillín de bicicleta para mujer es un proceso que tiene una gran base de ciencia, un poco de arte y que también depende, en gran medida, de que se tenga suerte a la hora de seleccionarlo.

Es ciencia porque tiene una base totalmente objetiva que es la medición y análisis de aspectos morfológicos como la anchura de la base del isquion (el huesecillo sobre el que te sientas), tu peso…

Pero también tiene un componente de arte porque, como pasa tantas veces en la vida, una cosa es la teoría y, otra, la práctica y aquí entran en juego aspectos tan subjetivos como la sensación de confort que tienes al sentarte sobre él, tus preferencias en cuanto a lo duro o blando que sea el sillín…

Y, aun en el mejor de los casos, siempre estarás, al menos parcialmente, a expensas de los designios de la suerte. Por mucho que te empeñes en intentar afinar al máximo todos los aspectos anteriores, difícilmente vas a poder llegar a adivinar cómo te vas a sentir encima de tu sillín tras cinco horas pedaleando. Desgraciadamente, al probarlo no podrás ponerte en la situación de todos los posibles entornos en los que vas a usarlo.

De todas formas, sea lo que sea, tómate muy en serio el proceso de elección del sillín de bicicleta para mujer. Es una pieza clave porque, además de afectar de manera directa a tu grado de comodidad cuando pedaleas también tendrá incidencia en el rendimiento que obtienes porque, cuanto más a gusto vayas sobre él, irás más rápido durante más tiempo.

Qué debes tener en cuenta para elegir un buen sillín de bicicleta para mujer

Hasta hace bien poco, no se hacía diferencia entre los sillines de bicicleta de mujer y los de hombre. Hoy en día sí que es relativamente común encontrar modelos específicos para cada sexo o, al menos, hay bastantes de los que, aun considerándose unisex, van especialmente bien para mujeres.

Un sillín de bicicleta para mujer normalmente es más ancho en la zona de los isquiones. De este modo, aumenta la base de apoyo para unas caderas que normalmente son más anchas que las de los hombres. En la zona genital suelen tener un hueco o, al menos una marcada curvatura para que no haya roce o exceso de presión en los genitales (en el caso de los hombres se busca evitar exceso de presión en la zona de la próstata), suelen ser algo más cortos o, al menos, tener una puntera recortada, redondeada y más ancha

Si ya tienes experiencia y sabes cuál te va bien, repite con él sin dudarlo ni un segundo pero, si es el primero que adquieres o ya no fabrican el que tenías, lo ideal es que te dejes asesorar por quien te atienda en la tienda de ciclismo y que te fíes de él incluso cuando lo que te diga vaya en contra de algunas falsas creencias o mitos como la de “quiero uno blandito porque es más cómodo”. Al principio sí lo será pero, si vas a estar tres o cuatro horas encima de él, al final puede resultar más incómodo que uno más firme. En serio, no te obceques con la blandura poniéndole una funda de gel o usando badanas muy gruesas porque en tiradas largas acaba siendo más incómodo, te lo garantizo.

Tampoco caigas en el error de pensar que por ser ancho como un butacón va a serte más cómodo. Presta atención a que el acabado sea lo más liso posible y que no tenga costuras innecesarias pero que no deslice si se humedece con el agua o el sudor. Además, tiene que poder echarse para adelante y para atrás a nivel de la tija. Te recomiendo dejar el tema del peso en un segundo plano porque no es tan relevante como el resto de factores que te he ido enumerando.

Es muy importante que no pierdas nunca de vista en qué tipo de bicicleta vas a ponerlo porque, si es para una de ciudad o paseo, sí que te puedes permitir el “lujo” de poner uno algo más blandito que si va para una bicicleta de carretera o montaña.

Y, a modo de consejo o aviso final, antes de echarle la culpa al sillín de todos tus males en la zona de los glúteos, piensa a ver si tu posición pedaleando es correcta, si haces un trabajo adecuado de fortalecimiento, etc. porque, de hecho, no solo afectan a esa zona sino que también tienen una incidencia muy directa en posibles sobrecargas en la espalda, cuello… En definitiva, en cualquier parte del cuerpo.

Especialista en análisis de material deportivo

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